blogger-image--1954881244No sabes cuánto me encanta este hombre, amigo mío, sus brazos surcados por gruesas venas me hacen sentir segura, sus grandes manos de pianista me hacen sentir segura, sus grandes manos de pianista me hacen alucinar, su espalda ancha me despierta las ganas de dejar mis marcas como un lienzo, su mirada mordaz me deja más que extasiada; me hipnotiza.

            Él  me conoce, sabe lo que me gusta, lo que me hace enloquecer así como cuando acerca sus labios a mi cuello y lo besa sutilmente con dulzura al a vez que acaricia mi cinturas mi debilidad. Estoy un poco nerviosa, amigo, porque ayer tome el control de la situación y no le agradó mucho, sé que hoy tomara venganza. Me tiene completamente dominada, ató mis manos a mi espalda al igual que a mis tobillos, lo miro a los ojos y trato de decirle que me posea de una buena vez, pero me hace esperar rozando su glande lentamente sobre mis labios pero debo esperar a que me dé  permiso para comer.

    vlcsnap-2011-05-26-21h45m41s126        -¿Lo quieres? Pregunta el con una sonrisa pícara. Asentí.

            -Debes pedirlo- Jamás me había pedido decir nada, no le gustaba por lo que preferí separar mis labios y darle una lamidita.

            -Mal- dijo. Enredo sus dedos en mi larga melena y metió su polla de lleno en mi boca bruscamente. Me fascina cuando hace eso, puedo sentir su exquisito sabor afrodisiaco, como una golosina. El rugía de placer, ya se venía pero antes saco su miembro y me lanzo su semen en los pechos. Espero unos minutos halo mi cabello y me levanto, tomo una toalla, limpio mis pequeños y sonrosados senos. Abalanzo mi cuerpo sobre la cama con furia, se posó sobre mí y me dijo:

            -Eres mía, solo mía. Tan pequeña, tan dócil…Tan obediente.

            Me beso con exceso de pasión, apretaba mis senos, mordía mi cuello mientras jugaba con mi clítoris y el éxtasis recorría todo mi ser. Ya me venía. Él lo sabía. Aun no dijo el muy bastardo.

            -¿Por qué me torturas así? le pregunte con tono de súplica, el acerco sus delgados labios a mi odio y con su voz irresistiblemente aterciopelada me dijo:

            -Porque sé que te encanta y te lo merece.

iqxhcGiro mi cuerpo con tal agilidad que por un momento me sentí como una bailarina y me dejo boca abajo. Tomo el látigo que se encontraba al lado de la lámpara victoriana, me golpeo un par de veces las nalgas fuertemente. Se detuvo por un par de segundo para decirme:

-Eres mi zorra, mi pequeña zorrita.

Luego, mientras me golpeaba iba gritando:

            -Sera… (snap) cuando…(snap) yo…. (snap) quiera. (snap).

            Mis gemidos y gritos más allá de aturdirlo lo volvían loco, rayando casi en lo demente. Me tiro del cabello agresivamente y sus penetraciones eran salvajes y profundas. Él es así, amigo mío, es como  una pantera: feroz y elegante, apasionado e hipnotizador, ardiente y robusto sigiloso y despiadado. Sus besos, su voz, sus roces, sus ojos… es casi divino. Su influencia sobre mí me hace sentir escalofríos.

            -Si quieres algo solo pídelo, me susurro.

-Acábame adentro le suplique con voz entrecortada.

Me desato, y me coloco boca arriba, me penetro lenta y suavemente, acariciaba mi rostro con ternura y miraba fíjate sin parpadear.

            Eres adorable me dijo con voz tierna.

imagen-sin-tituloSus embestidas se volvieron vertiginosamente más vigorosas mientras yo perdía el control, apretó mi mandíbula para que no le rompiera los labios con mis mordidas, mis gritos ahogados lo desesperaban por lo que más duro me lo hacía y finalmente llegamos juntos al orgasmo.

            Esa sensación violenta y cegadora que explota en tu interior y se expande hasta cubrir cada fibra, filamento, tejido, nervio y poro corporal. Quieres que sea eterno, que el tiempo se detenga, la mente queda en blanco y cuando va desvaneciéndose es como si todo perdiera un poco de su brillo, como si ya nada quedara dentro de ti, te quedas sin aliento y sin fuerza.

            Sonrió y me dio unos suaves besos, se recostó a mi lado, ambos suspiramos profundamente, me rodeo con su brazo y nos cubrimos con la manta y en mi mente retumba la melodía que me compuso en el piano. Liviana, sutil, dulce y al mismo tiempo salvaje y seductora como una pantera.

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