La máquina de Sade.

     “Con la nueva vaginatron 5000, lo último en masturbadores masculinos usted querido tele escucha quedará satisfecho siempre, le garantizamos que será feliz, solo por tiempo ilimitado ahorrara todo el dinero que actualmente gasta en las cenas con su mujer, además vaginatron incluye el plus “no fingir más que te agradan tus suegros”. A la vaginatron no le interesan las fechas importantes, es un producto diseñado especialmente por monjes de la orden de Sade, vaginatron  5000 es satisfacción garantizada literalmente al alcance de su mano, ¡PIDALO AHORA!” y abandone la triste manuela, no se preocupe mas por  la manos peludas, vaginatron 5000 lo hará todo por usted.

     Así sonaba un televisor viejo que repetía una y otra vez el infomercial; uno de esos ridículos anuncios que siempre ofrecen “productos milagrosos”.

     Ofelia escuchaba en estado hipnagógico, entre el sueño y la vigilia, cada publicidad engañosa que ponían a media noche en el canal local, justo antes de terminar la programación, justo antes de transformarse el televisor en una ventana de estática.

     El constante bombardeo publicitario había ido calando en el subconsciente de Ofelia, en ocasiones mientras dormía repetía entre dientes “los ultimo en masturbadores masculinos” “monjes, monjes sádicos” “vaginas”… estas palabras se escapaban de su boca rompiendo el silencio de la vacía habitación, cada palabra manchaba la almohada que solía poner entre sus piernas desnudas. Cada noche Ofelia alucinaba, su mundo onírico, sus sueños eran delirantes. Las palabras de aquella propaganda reincidente habían dibujado en su cerebro monjes azules, rojos, verdes, amarillos, sus sueños estaban poblados por hombres grandes, fuertes, multicolores, monjes encapuchados desnudos viriles, siempre con la túnica abierta, atlantes del sexo, hijos directos del gran Sade; el dios que destrono a Dionisio y lo hizo su esclavo.

     Ofelia lamia su locura, todas las noches llegaba inocente, insaciable, a las montañas llamadas por sus habitantes: lujuria. Esa noche cuando finalmente cayó dormida, se encontró como de costumbre con los monjes casi desnudos, cubiertos solo con sus humildes túnicas; unos pedazos de mantas roídas, casi desechas. Al llegar a la tierra lujuria, solía ver a los monjes meditando salvajemente, su meditación era un espectáculo para los ojos encendidos de Ofelia. Siendo monjes de la orden de Sade  su tarea diaria consistía en mantener sus penes erectos y eyacular durante días y noches enteras, durante años si era posible, jamás debían bajar la “espada”, meditaban  de forma activa o pasiva, los ancianos más avanzados, más cerca del sadismo, solo necesitaban su mente para cumplir con la tarea y acercarse más a la perfección masculina, la erección perpetua el orgasmo eterno, sin embargo los jóvenes comenzaban a meditar tocándose constantemente, ahorcaban sus penes indómitos incansables. Ofelia se deleitaba viendo aquel harén masculino, una montaña llena de hombres que dedicaban su existencia a complacerse y sí mismos y ella.

     Ofelia era la única mujer que habían visto y tocado aquellas criaturas místicas, cuando se percataban de su presencia en el monasterio, la boca se les llenaba de espuma corrían desaforados  hacia ella rogando por ser elegidos, cientos, miles de monjes desquiciados por darle placer, por lamer cada lunar, por deshacer el clítoris con sus lenguas, enfermos por contar cada centímetro de su cuerpo con la medida de los labios, Ofelia era una mujer blanca, en su piel destellaban algunas pecas, algunos lunares en los lugares precisos, parecía una mujer diseñada por el mismo Sade y así lo entendían sus discípulos.

     Solían tener orgias brutales, cada noche Ofelia, elegía 15 o 20 monjes dependiendo de su ánimo, en ese mundo alucinante Ofelia podía tomar la forma que quisiera, en ocasiones se convertía en una gigante amazona, y se atragantaba de los pobres monjes indefensos, otras veces se multiplicaba a sí misma y fornicaba bestialmente con todos sus esclavos, con sus monjes solitarios.

     Ese día fue distinto a su llegada no encontró un solo monje, la tierra desierta olía a semen y ausencia, Ofelia fue invadida por una angustia espantosa, se trasformo en serpiente y empezó a volar entre las montañas, solo veía el vacio de las flores muertas, la nada habitando la tierra seca, se dejo caer por un abismo que creyó infinito y ahí justo al final encontró una celda enorme, oscura, majestuosa y allí en un circulo cromático todos los monjes reunidos, cada uno con una pieza en sus manos, exudando una concentración inverosímil, jamás los había visto con las manos en otro sitio que no fuese más que en ella y sus penes.

Se acerco a uno de los monjes azules, uno de los más ancianos y le pregunto:

– ¿Qué hacen en esta celda? ¿Por qué han abandonado la isla? ¿Se esconden de mí? ¿Renunciaron a su fe a su dios que es Sade y a su mesías que soy yo?

      El monje la miró en silencio dejo la piecita que armaba a un lado, esta vez su boca no era una fuente de espuma ni se notaba la potente excitación que solían tener al verla.

-Mi amada Ofelia –respondió- ya no podemos seguir así, solo te tenemos a ti durante la noche y solo de vez en cuando podemos gozar todos de tu alma, ya se nos están deshaciendo las manos, nos duelen los falos, y nuestros cuerpos que necesitan de ti para existir están muriendo, ya no podemos comer más de tu carne y de tu cuerpo, te nos haces invisible de día y ya nuestras meditaciones no bastan.

-no me has respondido un una sola pregunta, sé concreto monje antes que te devore y de ti no quede más que cenizas de lagrimas.

– te responderé Ofelia no hemos abandonado la isla, estamos en esta celda porque aquí es donde nacimos donde nace el sadismo, el placer, no hemos abandonado nuestra fe ni a ti mi señora, solo estamos construyendo una sustituta para usarla durante su ausencia, mírela solo falta una pieza, es perfecta como usted, pensamos en construir miles pero la perfección no puede ser fragmentada, solo necesita el semen de cada monje para cobrar vida.

     Ofelia se quedo atónita ante aquella figura artificial, los monjes comenzaron a meditar de nuevo, como perros en celo todos penetraron, cada orificio de aquella muñeca erótica.

     Sonó el despertador, eran las 6 en punto, Ofelia despertó sudando miro por la ventana, el cielo aun estaba oscuro, vio la estática brillando en el televisor, no se atrevió a levantarse para no disolver el recuerdo bizarro de aquel sueño atípico, recordó que aquel día, sus ocupaciones empezaban durante la tarde, apago el televisor, escucho pisadas en el techo “algún gato huérfano” -pensó- tun tic tac tun tic tac, al ritmo de las pisadas y el reloj Ofelia abandono aquella vista común y ¡bum! De repente escucho miles de  gemidos como cantos de sexo, un coro de placer, ya estaba “viva” aquella mujer de plástico diseñada por los monjes para amortiguar la soledad que les brindaba el sol, ahora su cometido era más sencillo ya no les arderían las manos y sus erecciones constantes no dependerían solo de ellos ahora tenían a Ofelia su mesías por las noches y su Ofelia artificial durante el día.

     Ofelia observo callada, iracunda aquella orgía, por primera vez los monjes la ignoraban. Ella corrió hasta el centro del monasterio empujando a cada monje convertida en furia, agarro y sacudió aquella copia de sí misma, tan ajena a ella como un masturbador masculino a un papa, la agarro entre sus dientes y se la llevo volando de aquella isla, lejos atravesó una nube que las succiono a ambas y cayeron descontroladas a la nada.

     Ofelia volvió a despertar con el corazón agitado, si bien sus sueños solían ser extraños generalmente despertaba plena, satisfecha, húmeda o mejor dicho inundada; más de lo que jamás ningún hombre logro generar en su cuerpo, este día no, las sabanas estaban empapas pero de un sudor frio, que olía a miedo no a placer. Ofelia miraba a su alrededor de nuevo, recordaba el sueño, saboreaba el aire de ese cielo cargado de gemidos y orgasmos, de repente se dio cuenta que tenía algo en su mano, apretaba fuerte el puño, pensó que era alguna almohada y que en el vértigo de la caída vivida durante el sueño, su cuerpo intento asirse de algo y ese algo era su almohada, miro fijamente su mano derecha, la abrió, y al abrirla cayó en la cama un aparato extraño media un poco menos de medio metro, era cilíndrico y con un orificio en el medio, parece una vagina de plástico, uno de esos masturbadores para hombres –pensó- jamás había tenido un aparato así, era extraño y hermoso al mismo tiempo, obviamente ella no lo había comprado, iba olvidando el sueño mientras examinaba aquella cosa extraña que había aparecido en su cama.

     Ya era tarde, tomo el extraño aparato, lo metió en el bolso y corrió para clases, Ofelia estudiaba arte, en la universidad de los andes,  era fanática de Goya y Dalí. Al entrar en la facultad encontró a Tristán un amigo de ella, bastante solitario, jamás se le había conocido una mujer, pero todos sabían que estaba loco por todas, su hobby era masturbarse viendo cualquier clase de pornografía. Ofelia al verlo pensó que si alguien podía saber que era ese aparato era “el pajizo” de Tristan.

     Fueron a un lugar apartado, en esta facultad el mejor lugar para hablar y hacer cualquier cosa era “el bosquecito”

-Ofelia: Tristán, te tengo una pregunta, ¿sabes qué es esto?

-Tristán: ¡wow! Parece una vagina de plástico, he visto cosas parecidas en un local que se llama la celda del monje, ellos los llaman masturbadores masculinos, tú sabes esos títulos serios que le ponen a los juguetes sexuales. Aunque jamás había visto uno así, no parece que fuese cualquier plástico, de hecho parece piel humana ¿de dónde lo sacaste?

-Ofelia: no lo sé hoy desperté y estaba en mi mano, tuve un sueño rarísimo, me desperté asustada sujetando esta cosa. No sé qué hacer con ella te juro que me da un poco de miedo.

-Tristán: ¿miedo? No seas tonta, que te puede pasar, tu eres un poco loca, quizás lo compraste en alguna borrachera, y ni siquiera lo recuerdas, con lo desmemoriada que eres no me extrañaría. Hasta lo habrás pedido por teléfono dormida, por televisión promocionan uno parecido un tal “vaginatron 5000” que nombre más estúpido eso no provoca comprarlo, da la impresión de que te va a morder el pito cuando lo enciendas.

Ofelia sonrió ante el chiste, en su mente sonaba el nombre de esa “vaginatron 5000” pero no recordaba de donde, no tenía ni la mas mínima idea de que dormía cada día escuchando aquel infomercial imbécil.

-Ofelia: yo no haré nada con esto Tristán, no soy fanática de jugar a las tijeritas, toma te lo regalo, disfrútalo.

– Tristán: gracias mi Ofelia querida, con esto las manos no se me lastimaran tanto, un día de estos me van a salir pelos dice mi hermano aunque mi abuela insiste en que me voy a quedar ciego; pendejadas de viejos…

     Trascurrió el día sin ninguna anormalidad, Ofelia regreso a su casa agotada de las tareas diarias, apenas pudo comer, frente al televisor empezó a quedarse dormida, a los pocos minutos empezó: “con la nueva vaginatron 5000, lo último en masturbadores masculinos usted querido tele escucha quedará satisfecho siempre”…

     Era de noche en la tierra lujuria, los monjes no meditaban, desgarraban desesperados las pocas telas que los cubrían, sangraban sus manos, y sus penes erectos parecían afilados puñales, los monjes habían perdido sus colores, los ojos desorbitados buscaban al culpable de la desesperación, y encontraron a la culpable del caos, uno de ellos grito ¡OFELIA ESTA AQUÍ, LADRONA, BRUJA! Como una manada de perros salvajes, corrieron hacia ella los monjes llenos de ira, Ofelia les había robado su majestuosa creación, la única que les había sido permitida para saciar sus cuerpos, aquella vagina de piel humana, aquel masturbador masculino que apretaba con fuerza al despertar, era la obra de los monjes sádicos, que ahora enfurecidos la reclamaban con fuerza.

-¡DEVUELVENOS A TU DOBLE ARTIFICIAL! ¡LA NECESITAMOS MAS QUE NUESTRO DIOS!  DEVUELVELA, O TU OFELIA, TOMARAS SU LUGAR, Y DIA Y NOCHE SERAS NUESTRA, SOLO NUESTRA, LLEGAREMOS A SADE A TRAVÉS DE TU CUERPO Y NUESTRAS ERECCIONES PERPETUAS LLENARAN CADA ORIFICIO DE TU ALMA.

-Ofelia: no la tengo conmigo se la he regalado a un amigo no sabía que era, ahora entiendo, ustedes no son reales son un sueño, si me despierto todos desaparecerán.

     Al escuchar estas palabras los monjes perdieron la poca cordura que les quedaba, agarraron a Ofelia, que intento despertar sin éxito, la llevaron entre todos a la celda en el fondo del abismo, Ofelia recordó que antes podía transformarse, esta vez le fue imposible, su poder había desaparecido. Ella, el mesías de Sade, enviado para llevar a sus discípulos al éxtasis; ahora no era más que su alimento, su carne, el pan del deseo, su sangre, el vino del placer, y su vagina la puerta a la salvación, infernal, perfecta. En cada orificio de su alma había un monje lleno de satisfacción en búsqueda de su erección eterna, del orgasmo perpetuo.

     Los días siguientes el teléfono de Ofelia sonaba constantemente, hacia meses que nadie sabía de ella, rompieron la puerta de su apartamento y solo vieron la silueta de una mujer en la cama desordenada, allí no estaba Ofelia, ni siquiera su sombra, en todo el estado no hubo cuerpo de seguridad que pudiese encontrarla, toda su ropa intacta, los zapatos aun con las medias dentro, como quien recién se los quita para descansar los pies, el televisor encendido durante meses. La mesías había desaparecido.

     El ultimo en hablar con ella fue Tristán el famoso poeta merideño, acusado de asesinato luego de la desaparición de Ofelia meses atrás, todos pensaban que la había raptado y violado, quizás incinerado su cuerpo o lo había disuelto en lejía. Nunca se pudo probar nada, el argumento principal de la policía en contra de Tristán estaba en sus poemas, cada poema era una oda al sexo salvaje, al amor desenfrenado, al hedonismo y al placer desmesurado, nadie lo vio nunca con una mujer, nadie sabía quién era la musa detrás de cada verso, todos asumían que era Ofelia, que el pobre y trastornado Tristán la había hecho su presa, y que de ahí nacían sus exitosos poemas, él jamás revelo su fuente de inspiración, aquel masturbador masculino, aquella vagina hecha con ese plástico que parecía piel humana, aquella Ofelia artificial creada por monjes sádicos en una celda, del monasterio lujuria, la delirante máquina de Sade.

 

Sobre El Autor

Hijos míos. Estoy Orando intensamente por los orgasmos del mundo entero. Envío #BendicionesOrgásmicas a todos mis discípulos y de esta manera puedan llegar al Clímax Sexo-Espiritual que tanto desean.

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