Cada día que pasa se despeja para mí, en una pequeña fracción que me conlleva a analizar el hecho del sexo como misterio espiritual.

Después de observar en forma panorámica diferentes religiones me he dado cuenta que la religión mas practicada con mayor devoción de esta Nueva Era es la sexualidad.

Para iniciar debemos aclarar ¿Qué es una religión?, según lo investigado Es un cuerpo de conocimientos y prácticas que buscan disolver el aspecto humano para conectar con el aspecto Divino.

Todas las religiones nos enseñan que debemos controlar y disolver aquellas pulsiones instintivas animales y refinarlas de manera que a través de diferenciarnos de lo animal podamos encontrar lo espiritual.

También las religiones nos enseñan a cultivar los atributos del corazón para parecernos a Dios, cuya naturaleza es Amor, paciencia, tolerancia, compasión y el amor incondicional son ejercicios permanentes en cualquier filosofía espiritual y su práctica nos acerca a Dios.

En cambio los 7 pecados capitales (egoísmo, envidia, lujuria, gula, avaricia, soberbia, ira y la pereza) nos alejan de la naturaleza amorosa que es la sustancia de Dios.

Los rituales de las religiones son actos que se hacen sagrados gracias a la intención que se coloca en ellos.  La consagración es la acción de invocar las fuerzas del espíritu para que se hagan presentes en un acto humano y lo transformen en un acto Divino. Pues si ponemos atención veremos que todo esto es aplicable y cultivable a través de la sexualidad.

Lo primero y más importante es el control de la pulsión sexual. Aunque pareciera que cultivar la sexualidad significa tener mucho sexo, eso no es correcto.

Hay una diferencia entre cenar en casa una copa de vino y un pedazo de pan, y celebrar una misa en donde se consagran el pan como símbolo de lo material y el vino como símbolo de lo espiritual.

Hay una diferencia entre un coito lleno de erotismo y disfrutado con mucho placer que deje al cuerpo satisfecho y al instinto saciado y un encuentro sexual durante el cual se fusionen las almas a través de una mirada, un toque sensual del cuerpo, una respiración compartida, un coito consciente y un manejo habilidoso de la energía sexual.

De verdad que la sexualidad practicada con criterio de religión es increíblemente poderosa.

Empieza por la contención de la sexualidad instintiva para refinarla de manera tal que no hay encuentros sexuales inconscientes y frecuentes, sino rituales sagrados cuidadosamente planificados durante los cuales se comparte placer, se honra al otro, se abre el corazón, se realiza un acto de desprendimiento del ego para generosamente dedicarse al placer del otro.

Para llegar a ello me pregunto:

  • ¿Qué cosa es más difícil que entregar placer sin esperar placer a cambio?
  • ¿Qué es más antipático que contener el impulso de saciarse sexualmente?

Todos queremos saciar el impulso sexual, y es demasiado frecuente que actuemos egoístamente para lograrlo. Controlar el impulso sexual y entregarnos a dar placer sin esperar nada a cambio es un enorme acto de generosidad que nos eleva espiritualmente.

  •  ¿Qué es más difícil que abrir el corazón y quedarnos desnudos y vulnerables durante el sexo?
  • ¿No es acaso el encuentro sexual la oportunidad de oro para amar al otro incondicionalmente?

Amarlo a pesar de sus defectos, amarlo a pesar de su fealdad, amarlo a pesar de que nos ha hecho daño. ¿Verdad que suena difícil? Pues justamente por eso es que se convierte en un ejercicio profundamente espiritual.

Las religiones tienen sus rituales para conectarnos con la Divinidad.

La sexualidad tiene todos los ingredientes para lograr ese mismo objetivo.

La sexualidad es unión con otro. El placer puede llegar a ser de tal intensidad que disuelve el ego y permite una experiencia de trascendencia durante la cual se contacta con el alma individual, con el alma de la pareja y con la existencia de Dios en ellos, en el acto.

Si una misa (en el caso de catolicismo) puede ser una experiencia mística, un encuentro sexual puede igualmente serlo. En el sexo hay devoción, entrega, desprendimiento, disolución y éxtasis…

Una religión tiene prácticas, exige disciplina, exige estudio y reflexión.

La sexualidad no se queda atrás; La distancia entre un coito intenso y sabroso, y el cultivo del arte de amar son muchas horas de dedicación, disciplina, ejercicios físicos y emocionales, y mucho ensayo y error.

Creo que tengo por delante muchísimo que reflexionar acerca del camino espiritual a través de la sexualidad.

Sobre El Autor

Hijos míos. Estoy Orando intensamente por los orgasmos del mundo entero. Envío #BendicionesOrgásmicas a todos mis discípulos y de esta manera puedan llegar al Clímax Sexo-Espiritual que tanto desean.

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