Cuando camino por las estrechas calles de mi loca ciudad, observo todo con atención y tomo notas mentales. Me gusta pasar de vez en vez por la plaza central. La llamada “Plaza de los Perdedores”. Los veo a todos pero nadie nota mi presencia y me gusta que así sea.

Plaza bolivar mrida

            Es un lugar de encuentros amistosos y niñas callejeras donde cada grupo social se apodera del lugar en horarios que todos conocen.

            El Flautista, el saxofonista y su amigo cafesero y cuatrista, se pueden encontrar desde la mañana hasta poco más de las cinco de la tarde y su música popular se puede escuchar incluso dentro de la oficina del gobernador.

1981_People_Pix            Los bohemios, roqueros, metaleros, hips ters, raperos y pubertos escandalosos se unen a los pies de la estatura de Bolívar por las tardes para fumar, reír, tomar café, escuchar música y ligar. Esa mezcolanza de subculturas urbanas, me gusta, me asusta al mismo tiempo. Es genial poder compartir distintos tipos de opinión ya que a veces se genera una retroalimentación realmente agradable, también te da la oportunidad de tachar a esas personas que no aportan nada a la conversación y las que sencillamente no te agradan. Así, menos personas que saludar y menos saliva que gastar. Me asusta porque nunca se sabe en que terminara como ni donde, lo que importa es salir de allí antes de las 8:00 pm para dar paso a los travesti, que en ocasiones han atacado alguno que otro curioso.

ea95365f394b998fbb00f122a68f52b7_article            Los vegetarianos salen de vez en cuando los sábados por la tarde disfrazados de animales con carteles conceptuales hechos mediocremente, cantan el tedioso Hare Krishna, citan textos bíblicos que les convengan (porque obviamente no citan el Génesis 9:3) tampoco mencionan el hecho de que las plantas no poseen sistema nervioso por lo que al arrancarles una simple hoja les causa estrepitoso dolor en todo su organismo. Me da igual se comen bichos, plantas o heces pero si vas a hacer algo, hazlo bien, sino quédate en casa y no molestes a los demás con tus mojones.

 images           Los Hippies de las esquinas, muestra clara de que el humano es una contradicción ya que dicen ser pacifistas y dicen estar en contra del sistema pero compran drogas a un dealer que trabaja para un narco que a su vez vende armas que sirven para… ¡Exacto! ¡Guerra! ¡Oh!, pero claro, ellos quieren generar una revolución social mientras piensan en el monchi.

comercio-mercado-principal            Los mulcultores (artesanos y viajeros) instalan toldos verdes donde disponen sus productos llenos de creatividad, esfuerzo y amor al arte como recuerdo para los turistas y habitantes de la ciudad.

            Los campistas se reúnen allí también los fines de semana y cubren las escaleras con sus abultados morrales, que en algunos casos, son más grandes que sus portadores para luego dirigirse al Valle de los Muertos donde beben, fuman hierba y fórmican con desafuero.

            En determinadas fechas del año, se realiza la feria del libro, con toldos azul marino y se pueden conseguir a los clásicos, los raros, los comerciales y publicaciones de la universidad a precios relativamente económicos.

            En esa plaza hay personajes peculiares que se ignoran, ya sea por qué vas de paso o porque siempre están allí. El “teacher” va y viene durante el día vendiendo su bebida espiritual siempre alegre y cándido dispuesto a ayudar a los jóvenes. En la parte superior de la plaza, una joven prostituta con una desafortunada cicatriz en la mejilla izquierda camina de un lado a otros cazando a los compradores de viagra, les restriega sus fláccidas nalgas, les secciona la lengua en intentos fallidos por arrancárselas. La pareja adolescente que realiza un exhaustivo exudado mutuo. El trio de malandros con ojos repaces en busca de la mujer pretenciosa con celular costoso en mano.

PUME-Merida-B070-PlazaBolivar            El par de borrachos con sus respectivos perros (porque borrachos sin perro no es borracho) conservan, cantan hilarantemente para luego discutir sobre quien tiene la botella y en ese momento; el tiempo se valentiza, la primavera de Vivaldi comienza en sonar y los torpes golpes surgen con cada compás. Todos se voltean para presenciar el espectáculo gratuito, murmuran, se ríen hasta que los malandros disfrazados de policías se acercan con pasos tranquilos y despreocupados a separarlos, golpearlos y arrastrarlos fuera de la plaza.

            La madre soltera con bebe en brazos que trata de calmar su llanto a la vez que vigila con nerviosismo a su otro niño que corre detrás de las ratas voladoras mientras maldice mentalmente al cabrón que la embarazo.

            El junkie paranoico al que dejan de temblarle las extremidades cuando los policías se retiran por la calle.

Hay un joven que parecía vivir en la plaza, dice la leyenda que proviene de una familia adinerada, Mientras su madre iba con sus amigas del country a ponerse al corrente de los chismes de la semana, él alucinaba con el LCD y H encerrado en su habitación, Hoy va con su ropa y zapatos de vagabundo, pañoleta enrollada en la cabeza, gafas oscuras y con hilos entre sus dedos que arranca de sus descoloridos jeans, se hinca ante las jovencitas, ata el hilo a sus muñecas y  “pulsera de la suerte”. Las que lo conocen, lo ignoran y las que no, lo observan con cierta curiosidad y cautela y luego; no saben cómo decirle que se largue por no querer darle los 5 Bs sobrantes en la cartera y las entiendo. A mí tampoco me gusta fomentar la vagancia y el vició de otros.

El anciano que lee las manos y el tarot, que en el proceso te desprende de cualquier joya o prenda de bisutería que tengas en las manos pero si lo rechazas prepárate para el zapatazo que te lanzara.

Las esquinas también tienen su magia y guardan historias miserables, interesantes, divertidas y detestables.

Los boulevares superiores se encuentran usurpados por los buhoneros colombianos quieres robaron y destruyeron las estatuas y bustos de nuestras representantes de Dios. Desde hace más de 25 años esperan a que el gobierno les construya un centro comercial para vender su trapo de mal gusto y sus cigarrillos vencidos. Impregnan el ambiente con pachuli, regueton, disputas sobre el lugar donde ponen su kiosco, quien tiene punto, si este vende barato o caro.

bulevar_de_los_pintoresEn el boulevard de los pintores hay un buen retratista que tiene desde los años de matusalén tratando de vender su espléndido arte, hay un caricaturista y un pintor abstracto. En la cafetería se reúnen los trabajadores del rectorado para tomar café, comer esas deliciosas empanadas, conversar plácidamente y recordar a la magnífica ULA de antaño. Los lunes por la noche, en el Cesar Rengito, los estudiantes y profesores van a disfrutar del cine independiente y al salir de allí se dirigen al Bar la Ligia por la avenida 2 lora para embriagarse, leer poesía y bajar la vos cuando Ligia resueña su campanita.

Anteriormente, en la esquina inferior por la avenida 3, se instalaba un anciano de ropa vieja y manchada, boina y barba que tocaba una desafinada y poco agraciada medía con un teclado de juguete a la vez que con un pedal hacia bailar a unas muñecas que portaban elegancia y se robaban la atención de los niños como por arte de magia, ahora desapareció, se puede sentir su ausencia y la melodía aun prevalece en esa esquina pero es acallada por las voces estruendosas de aquellas que creen en ideales utópicos de la esquina de al lado.

“La Esquina Caliente” con sus infinitos pleitos jurídicos, los abogaos comprar café y el periódico del día al viejo de gorra y dientes quebrados como si fuera el onceavo mandamiento.

En la avenida 4 cada año en la catedral realizan la rifa del 0 Km que hasta el sol de hoy no he conocido al ganador.

Cada día, cada hora, cada minuto cientos de personas consumen los exquisitos, suculentos y famosos churros; inocentes palomitas, sin tan solo supieran el repúgnate ingrediente secreto, Pero no seré yo quien se los diga eso se lo dejare al departamento de salubridad cuando se digne hacer su trabajo.

Al ver todo lo que sucede en la Plaza de los Perdedores día tras día mi mente comienza a maquinar bromas privadas que ninguna persona común entendería a mi corazón que se aflige al ver la realidad de cada una de ustedes cuando van de paso. Tal vez lo entenderían y lo sintieran si tomaran el tiempo para observar más ver y así… tal vez dejaría de ser “La Plaza de los Perdedores”.

BELLE DE LIOUNCOURT

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